Beatriz Callegari de Paula

Las grabaciones de una cámara de videovigilancia se incorporaron como elemento central en la investigación sobre la muerte de Beatriz Callegari de Paula, de 26 años, quien fue hallada sin vida en una vivienda con piscina ubicada en Lins, en el interior del estado de São Paulo, Brasil.

El caso es investigado por la Policía Civil, que analiza las imágenes y los peritajes para esclarecer las circunstancias del fallecimiento ocurrido el 16 de enero.

De acuerdo con las imágenes, Beatriz Callegari de Paula llegó al inmueble alrededor de las 11:00 a. m., acompañada por una amiga.

En el video se observa a la joven utilizando una llave para abrir una puerta lateral mientras revisaba su teléfono móvil, y posteriormente accionando el portón automático de acceso.

Según la información policial, ese día solo tres personas estuvieron en la propiedad: la propia Beatriz, Grazielli de Barros Silva, de 40 años, quien fue detenida de manera provisional el 27 de enero bajo sospecha de participación en la muerte, y un joven que aparece ingresando con la víctima.

Las autoridades indicaron que este último abandonó el lugar antes del fallecimiento, fue interrogado y quedó en libertad, sin ser considerado sospechoso. Su identidad no fue divulgada.

Las grabaciones muestran que el joven salió del inmueble y regresó poco después para descargar objetos del vehículo, estacionándolo luego frente a la vivienda.

Más adelante, alrededor de la 1:44 p. m., vuelve a retirarse del lugar con vestimenta distinta. Minutos después, aproximadamente a la 1:50 p. m., un automóvil de color plateado, atribuido a Grazielli de Barros Silva, ingresó al garaje.

Ese mismo vehículo salió de la propiedad cerca de las 3:00 p. m., momento en el que impactó levemente contra el lateral del portón. Conforme a la investigación, Grazielli conducía el automóvil en ese instante.

La propietaria del inmueble, Gabriella Camargo Fernandes, informó que el alquiler del espacio fue gestionado por Grazielli, quien ya había rentado el lugar en ocasiones anteriores.

Señaló además que la cámara de seguridad registró la llegada de Grazielli cerca de las 11:00 a. m. y un intervalo posterior en el que no estuvo en la vivienda antes de estacionar el vehículo en el garaje.

No obstante, explicó que esos fragmentos específicos no fueron solicitados inicialmente por la policía y que las grabaciones permanecen disponibles en la aplicación solo por un tiempo limitado, motivo por el cual ya no se encuentran almacenadas en el sistema.

Las imágenes disponibles fueron incautadas por la Policía Civil y forman parte del expediente que investiga el homicidio.

El giro en el caso se produjo tras el informe del Instituto Médico Forense (IML), que determinó como causa de la muerte el ahogamiento.

En su primera declaración, Grazielli de Barros Silva había señalado que su amiga habría sufrido una descarga eléctrica.

Los bomberos acudieron al lugar alrededor de las 3:30 p. m. y encontraron a Beatriz boca arriba, vestida con bikini, con parte del cuerpo apoyado sobre la cubierta metálica del motor de la piscina.

En las inmediaciones había una caja eléctrica con disyuntores, válvulas metálicas, un interruptor y un cabezal de ducha.

El suministro eléctrico fue interrumpido antes de confirmarse el fallecimiento. La hora exacta de la muerte no ha sido divulgada oficialmente.

Tras la publicación del informe forense el 23 de enero, la policía solicitó la detención provisional de Grazielli, fundamentando la medida en presuntas contradicciones entre su testimonio y los resultados periciales.

La defensa de Grazielli de Barros Silva, representada por el abogado Celso Modonesi, calificó la detención como prematura y sin respaldo legal suficiente.

Sostuvo que la imputada siempre estuvo a disposición de las autoridades, no presentó riesgo de fuga ni intentó interferir en la investigación.

El abogado cuestionó además los exámenes periciales, alegando falta de acceso oportuno a los informes, y rechazó la conclusión de ahogamiento al considerar que no se evaluó de manera adecuada la hipótesis de una descarga eléctrica.

Indicó que el 20 de enero la policía informó sobre un supuesto ingreso de la imputada en un hospital psiquiátrico, hecho que posteriormente no fue confirmado.

Ese mismo día, la defensa se presentó formalmente ante la comisaría y anunció la entrega de documentación médica, la cual, según el abogado, fue presentada al día siguiente.

La defensa afirmó que solicitó de forma reiterada los informes de la autopsia y del sistema eléctrico del área recreativa, sin obtenerlos de inmediato.

También señaló que tuvo acceso recién el 26 de enero a un informe de autopsia que considera incompleto y sin respaldo fotográfico, por lo que presentó solicitudes de aclaración ante el IML, aún pendientes de respuesta.

Otro punto señalado fue la presunta falta de preservación de la escena, ya que el inmueble habría sido alquilado nuevamente al día siguiente y terceros habrían accedido antes de la realización de peritajes oficiales.

Según la defensa, esto habría afectado la producción de pruebas.

Asimismo, se argumentó que no existen elementos que demuestren la autoría del hecho, cuestionando la viabilidad física de un ahogamiento sin signos de forcejeo, y reiterando que la imputada mantiene la versión de una descarga eléctrica como causa del fallecimiento.

La defensa subrayó que Grazielli de Barros Silva no posee antecedentes penales, cuenta con domicilio fijo, empleo formal, no coaccionó testigos ni obstruyó las diligencias, y es madre de un menor de 12 años, por lo que solicitó la revocación de la detención provisional.

Según relató Alexandre Callegari de Paula, hermano de la víctima, Beatriz y Grazielli se conocieron en su lugar de trabajo, donde ambas se desempeñaban como cajeras en un supermercado.

Indicó que mantenían una relación cercana, aunque se habían distanciado recientemente tras el inicio de una nueva relación sentimental de Beatriz.

El hermano también mencionó antecedentes de comportamientos violentos por parte del exnovio de la joven, así como amenazas y acoso, situación por la cual existía una orden de alejamiento.

Pese a ello, Beatriz aceptó la invitación para asistir a una reunión privada en el área recreativa alquilada.

Beatriz Callegari de Paula era la menor de cuatro hermanos, vivía con su madre y mantenía un vínculo estrecho con su familia, según el testimonio de sus allegados.